Tengo una fijación con los materiales desde toda la vida. Recuerdo ser muy chica y estar pensando dónde empieza la ilustración como concepto y dónde termina, por supuesto que como era chica no sabía bien cómo canalizar esas dudas y creo que ni siquiera era capaz de explicar lo que estaba pensando. Yo lo atribuyo a que veía a mi tía Ana haciendo bordados: compraba revistas, calcaba los dibujos, hacía composiciones con figuritas de animales, de flores, y bordaba en su máquina de coser de pedal. Usaba hilos de colores y a veces calaba el género. Para mí era lo mismo que dibujar pero de otra forma. Me gustaría mucho tener alguno de esos bordados, pero bueno, tengo el recuerdo y la sensación de los recuerdos que es igual de bonito. Quizá si volverá a bordar así alguna vez.
Hace un par de años paseando por el Cerro Santa Lucía en vísperas de Navidad vimos unos puestos y nos acercamos a ver: vendían objetos hechos a mano. Lo que más me gustó fue el trabajo de una señora que hacía estuches y bolsas de género y los decoraba con paisajes armados con trozos de género. Muy lindo, sobretodo por las combinaciones de colores y los detalles. Que lástima que este tipo de cosas no sea tan valorado.
Cuando veo cosas así me pregunto si las personas que hacen este trabajo están conscientes de las vueltas que le pueden dar a lo que tienen... yo feliz me compraría un libro con las ilustraciones de esa señora.








